Epílogos tardíos de la resistencia armada: la Unión de Combatientes Españoles y el Movimiento por la IIIª República (1959-1967)

        220px-JesusCarnet_militar   Tras el abandono la lucha armada contra la dictadura a comienzos de los años 50, solo algunos sectores minoritarios de la izquierda en el exilio apostaron por el mantenimiento de una oposición intransigente y radicalmente opuesta al abandono del ideal republicano y a cualquier pacto con los sectores conservadores desgajados del régimen. La influencia de las luchas anticoloniales y de la revolución cubana, unida al deseo de hacer algo efectivo por la caída de Franco, llevaron a un grupo de luchadores veteranos a fundar organizaciones efímeras, como la Unión de Combatientes Españoles, en 1959, o el Movimiento por la IIIª República y por la reconstitución del Ejército Republicano, en 1963,  últimos intentos de sumar la experiencia guerrillera de postguerra y las tendencias emergentes de la nueva izquierda revolucionaria.

Del fin de la guerrilla al resurgir de los grupos armados (1953-1959).

Cuando en 1951 el Partido Comunista de España (PCE) constató el fracaso de la táctica guerrillera contra la dictadura, las formas de oposición armada entraron en un periodo de decadencia. El PCE fue, prácticamente, la única fuerza política que mantuvo durante tanto tiempo el pulso violento al franquismo: El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) había evacuado a sus últimos militantes, refugiados en las montañas astur-leonesas, en octubre de 1948; el Partido Nacionalista Vasco (PNV), que llegó a reclutar un batallón entrenado por los aliados, y creado una organización de antiguos gudaris –la Eusko Naia-, disolvió ambas estructuras en torno a 1947; las acciones imputables a los anarquistas, por último, quedaron reducidas a golpes individuales en escenarios urbanos, ejecutados al margen de las directrices confederales, y decrecientes a medida que sus responsables iban cayendo en manos de la policía[1]. A comienzos de la década de los 50 se estaba cerrando el ciclo de la resistencia armada de postguerra, cuyo objetivo había sido la restitución de la legalidad republicana de 1936[2].

La derrota afectó tanto a la “vanguardia militar” guerrillera como al conjunto de las organizaciones de izquierda, que quedaron prácticamente desarticuladas e inermes durante la mayor parte del decenio[3]. El peso aplastante de la represión y la consolidación del régimen franquista, en el contexto de la guerra fría, llevaron a la oposición interior y a la del exilio a la aceptación fatalista de la idea de una previsible larga perdurabilidad del franquismo, y a la necesidad de redefinir sus estrategias a fin de acordar una alternativa consensuada en el marco de una solución pacífica. El PCE apostó por la infiltración en los sindicatos verticales y, tras adoptar una nueva línea basada en la “reconciliación nacional”, centró su actividad clandestina en el desencadenamiento de una “Huelga Nacional Pacífica” (HNP), cuyo objetivo sería provocar el colapso de la dictadura. La convocatoria de la “HNP” se llevó a cabo el 18 de junio de 1959, y se saldó con un rotundo fracaso[4]. El PSOE, por su parte, frecuentó los contactos con monárquicos, liberales y democristianos para negociar la instauración de un régimen constitucional homologable por las potencias occidentales. El más célebre de estos encuentros se escenificó en la reunión de Munich de 5 de junio de 1962, convocada por el Movimiento Europeo.

Solo algunos sectores residuales de la izquierda del exilio, marginados o expulsados de sus organizaciones originarias –la Unión Socialista Española (USE) del ex ministro de Estado Julio Álvarez del Vayo, y el Movimiento de Acción Socialista (MAS) del antiguo dirigente del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) José del Barrio Navarro[5]– apostaron por el mantenimiento de una oposición intransigente, esencialmente republicana  y virulentamente opuesta a pactos con los monárquicos y otros sectores desgajados del franquismo. Sus portavoces denunciaban lo que consideraban la traición del socialismo mayoritario, el abandono de la vía revolucionaria por el PCE, la grave pasividad del gobierno republicano en el exilio -al que consideraban poco más que una reliquia decorativa- y, en general, la indolencia de una oposición dividida que abandonaba la lucha en el interior mientras depositaba su confianza, una vez más, en una incierta presión diplomática para conseguir el cambio de régimen en España. Manifestaban, asimismo, el cansancio acumulado por una sucesión ininterrumpida de experiencias fallidas para la coordinación de las fuerzas del exilio: desde la época de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD), las plataformas unitarias habían adolecido de una serie de fracturas, debilidades y enfrentamientos sectarios que habían terminado por tornarlas inoperantes[6]. Del Barrio transmitía esa irritación en una crónica para el boletín Acción Socialista, órgano del movimiento homónimo que dirigía en  Francia: “[En París, el 26 de enero de 1961] se reunieron los partidos del exilio llamados “tradicionales”. Los convocó la CNT reunificada, la que les proponía la formación de un Frente Antifascista dedicado a organizar y realizar la lucha por la liberación de España (…) Pana perdida. Una sucesión de oradores opinaron a lo largo de muchas horas durante varias sesiones (…) [En nombre del PSOE, Rodolfo Llopis] pintó el cuadro más sombrío que imaginarse pueda. Nada se puede hacer. Que nadie piense en la posibilidad de desarrollar la lucha revolucionaria en España. Es una locura. No hay otra política posible que (…) la del PSOE (…) Hay que irla propiciando y esperar a que cristalice. Los grupos de derecha de España la ven cada día con mejores ojos. Lo mismo pasa con los extranjeros occidentales, socialdemócratas y democratacristianos, y no digamos con los norteamericanos, desde los sindicalistas hasta la nueva administración Kennedy. ¿El exilio antifascista?: Cero. ¿Otros amigos en el extranjero capaces de ayudar a incrementar la lucha del pueblo en España? Ni hablar; no existen. Y si existieran, peor. Nada, nada. Mansedumbre y buenas maneras. Paciencia y pacifismo…”[7]

Alentaba en estos grupos un ánimo expectante, la sensación de estar a la espera de alguien que hiciera algo para superar el punto muerto en que se encontraba una oposición inerme e incapaz de realizar un esfuerzo eficaz para derribar a Franco. Es esta expectación la que conduciría a José del Barrio a saludar, en 1959, el llamamiento del general Alberto Bayo a una “intensificación de la lucha por la liberación de [los pueblos de España]”, a la reconstitución del ejército republicano y a la implantación de la IIIª República[8].

La Unión de Combatientes Españoles (UCE).

El 1 de abril de 1959, con motivo del vigésimo aniversario del fin de la guerra civil, el general Alberto Bayo lanzó en Caracas un manifiesto llamando a la lucha para evitar que el dominio opresor de Franco y la Falange se prolongara por más tiempo. Bayo, cuya hazaña más célebre había sido el intento de reconquista de Mallorca durante los primeros compases de la guerra, se exilió en México al final de la contienda y, posteriormente, en Cuba. En este último país actuó como instructor militar del Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, y allí se impregnó de las tesis insurreccionales que el Che Guevara formuló en su voluntarista concepción de la guerra de guerrillas: la posibilidad de que un movimiento popular armado fuera capaz de derrotar a un ejército regular, y la convicción de que la propia actuación de la insurgencia podía acelerar la maduración de las condiciones para una revolución, aunque estas no existieran previamente[9].

En medio de una ola de entusiasmo por el triunfo de la revolución cubana y por la caída del gobierno autoritario del general Pérez  Jiménez en Venezuela, Bayo fundó en La Habana la Unión de Combatientes Españoles (UCE), en julio de 1959. Su programa definía a la UCE como un movimiento, no como un partido, abierto a integrantes procedentes de otras organizaciones preexistentes que se mostrasen dispuestos a apoyar un “programa de Unidad y Acción”, antítesis de la división imperante entre las organizaciones del exilio y opuesto al “quietismo” de las instituciones que encarnaban la legitimidad republicana, de las que exigía un paso decidido hacia la beligerancia contra Franco. Para lograr sus objetivos, la UCE contemplaba la creación de una doble estructura, civil y armada, compuesta por “delegaciones de Acción y Ayuda” al movimiento tanto en el interior de la Península como en el exilio, y por unas “fuerzas armadas de liberación” de las que Bayo se autoproclamaba comandante supremo[10]. Intentando presentar su movimiento como un proyecto de alcance e integración nacionales cuyos únicos enemigos eran Franco y la Falange, Bayo se dirigía también a los militares, apelando a su patriotismo para colaborar en el derribo de la dictadura.

El manifiesto de Bayo apenas tuvo eco más allá del apoyo que le prestaron grupos disconformes con la pasividad de los principales sectores de la oposición  antifranquista. La UCE acusó recibo de un supuesto mensaje de adhesión remitido por la CNT de Asturias, y logró integrar en su órbita a un conglomerado de grupos heterogéneos radicados en Latinoamérica, Francia y el norte de África, muchos de los cuales a duras penas encubrían su carácter prácticamente unipersonal. Entre ellos se encontraba la Unión Cívica Española, liderada por José del Barrio, que agrupaba a disidentes comunistas – el Movimiento de Acción Socialista (MAS)-, socialistas  independientes y miembros del POUM. En Cuba, la UCE recibió ofertas de apoyo por parte del denominado Movimiento de Liberación Español (MLE) encabezado por  un tal Manuel Rojas, en estrecho contacto con el por entonces comandante revolucionario Eloy Gutiérrez Menoyo. Este, a su vez, tenía en mente la creación de un Ejército de Liberación Español  -él era hijo de un militante del PSOE exiliado en Cuba-, que no pasó del estadio de efectuar declaraciones genéricas sobre la posibilidad de recabar armas y realizar colectas de fondos a través de la venta de unos “bonos de la Liberación”[11]. Los lazos internacionales de la UCE  se extendían también al movimiento patriótico portugués liderado por el general Humberto Delgado. La colaboración entre ambas organizaciones llegó al extremo de concebir, durante una reunión en Venezuela, el fantástico proyecto de efectuar de forma simultánea y combinada una acción aeronaval combinada en Canarias y Guinea, por parte española, y en Angola y Portugal, por parte lusa[12].

La única actividad real de la UCE fue la difusión de propaganda antifranquista a través de tres estaciones emisoras de onda corta radicadas en Venezuela, que emitían con el indicativo de “Radio Claridad 2”. Pero a pesar de sus manifestaciones autocomplacientes, la UCE apenas tuvo incidencia en el interior de España, y se la consideró desmantelada en febrero de 1960.  Como tantos otros grupos, se deshizo entre acusaciones mutuas de provocación e infiltración policial. A los pocos meses de su fundación, el 2 de octubre, se produjo la escisión del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), que ejecutó algunas acciones de cierta envergadura, como la colocación de artefactos explosivos en estaciones, dejando un saldo de dos muertos propios “por accidente”, un ejecutado a garrote vil y varios encarcelados[13]. Sin embargo, la acción propagandística más espectacular consistió en el secuestro del trasatlántico “Santa María” (rebautizado “Santa Liberdade”) por un comando integrado por activistas portugueses y españoles que pretendían denunciar ante el mundo las dictaduras de Salazar y Franco. El “Santa Liberdade”, con más de mil pasajeros a bordo, en su mayoría gallegos, realizaba la travesía entre La Guaira (Venezuela) y Vigo cuando fue tomado el 22 de enero de 1961 por un comando mixto de antifascistas portugueses y gallegos, bajo las órdenes de Xosé Velo, Xurxo Fernández de Soutomaior, y Henrique Galvão. La armada norteamericana, por orden del presidente Kennedy, localizó el barco y acabó conduciéndolo hasta las costas de Brasil, dejando libres a los asaltantes[14].  Bayo, por su parte, abandonó sus proyectos personalistas y, durante un viaje a la Unión Soviética en el que se entrevistó con Dolores Ibárruri, acabó solicitando su ingreso en el PCE[15].

La formación del “Movimiento por la IIIª República y por la reconstitución del Ejército Republicano” (MPTR).

A pesar del fracaso de la UCE, José del Barrio se propuso que no decayera el llamamiento a la acción. Para Del Barrio, la operación del DRIL ponía en evidencia que era posible pasar con éxito de la retórica a la práctica. Desde ese momento, cualquier forma de renuncia al objetivo de derribar al franquismo, violentamente si era preciso, constituía una traición a los ideales republicanos que decía encarnar el gobierno en el exilio. Si Bayo había intentado aún ofrecerse como cabeza de una fuerza militar al gabinete residente en México, para Del Barrio, el gobierno se había convertido en una “Junta antirrevolucionaria [presidida] por un Gentilhombre de Cámara del rey Alfonso XIII [el general Emilio Herrera Linares]”, cuyas contradicciones habían llegado  “al punto de adoptar una línea conducente a ‘convencer a Franco para que abandone voluntariamente el poder…’; en escribirle (Herrera a Franco) ‘de caballero cristiano a caballero cristiano’, proponiéndole negociar de tú a tú y ‘con un crucifijo por medio’… y a hasta dejar dicho (…) por unos y otros de sus colaboradores, llamados nada menos que ministros ‘republicanos’, que el titulado Gobierno de la República está dispuesto a aceptar…¡hasta la Monarquía en España!” [16].

El objetivo, a partir de ahora, ya no iba a ser una cada vez más improbable reinstauración de la IIª República, sino la implantación de una IIIª, sustentada sobre una izquierda de amplio espectro, desde comunistas, como Del Barrio o López Tovar, a socialistas como Ángel Galarza, y próximos al anarquismo como Juan Perea Capulino, cuyo denominador común era la postulación de un socialismo federativo y no alineado[17].

José del Barrio y Juan Perea Capulino, a los que unía desde la guerra una vieja relación de colaboración[18], fueron los principales impulsores del grupo. Mientras Del Barrio avivaba desde París la llama mortecina del Movimiento de Acción Socialista, Perea se encargó personalmente de contactar en Toulouse con ex militantes de los partidos de izquierda. El antiguo responsable de la operación guerrillera del valle de Arán en 1944, Vicente López Tovar,  refiere en sus memorias: “En 1963 se presenta en mi laboratorio [de fotografía] un señor que dice conocerme, estuvimos hablando de España y de la política a seguir para combatir ese régimen, yo le manifesté claramente nuestra posición. Somos un grupo de comunistas y la sola situación para nosotros es combatir el revisionismo con la victoria de la lucha armada. Entonces me manifestó ser el General Perea, Jefe del Ejército del Este. Yo poco contacto tuve con él en España, y me prometió una próxima visita, con el fin de participar a la constitución de la lucha por la III República (…) A continuación se presenta Del Barrio, que era miembro del Comité Central del Partido Socialista Unificado de Cataluña, y nos plantea la organización de la III República en Francia, y yo ya estaba de acuerdo [con los] demás camaradas para hacerles saber, que el día que encontrásemos un verdadero Partido Marxista Leninista, seguiríamos sus consignas, ellos lo aceptaron así[19].

El instrumento elegido para llevar a cabo sus objetivos habría de ser un ejército republicano reconstituido, para el que se buscaba el reclutamiento de antiguos jefes militares de la guerra. De hecho, el movimiento organizó un escalafón, repartió grados y credenciales[20] y emitió, en nombre de la autoridad del gobierno de la IIIª República Española, una orden de movilización general que, repleta de galicismos y erratas, resulta improbable que circulara fuera de Francia y de los estrechos círculos de iniciados. En la práctica, más allá de su escasa operatividad, el “ejército republicano reconstituido” se convirtió en la organización principal, sustituyendo a la organización política de la que había emanado cuando en 1966 esta se autoerigió en “Consejo de Gobierno de la IIIª República Española”, con sede en Argel[21]. De dicho Consejo de Gobierno formaban parte José del Barrio, como Vicepresidente para asuntos militares, y López Tovar, como segundo Jefe del Estado Mayor General.

El contexto era favorable al surgimiento de las iniciativas que planteaban el recurso a la violencia revolucionaria: las guerras de emancipación en África y Asia se encontraban en su apogeo,  y la revolución cubana se había consolidado como modelo para el movimiento anti-imperialista. De ahí la retórica que impregnaría los primeros textos del Movimiento por la IIIª República: “Es necesario hablar el único lenguaje que el imperialismo puede comprender: el lenguaje que usó Sandino en Nicaragua, Fidel Castro en la Sierra Maestra, los indochinos en Dien-Bien-Fu y el FLN en Argel” [22].

A ello habría que añadir que la escisión del movimiento comunista internacional entre el modelo prosoviético y el prochino, tras el XX Congreso del PCUS, se encontraba en su apogeo a comienzos de los años 60, aportando una revalorización de la táctica insurreccional por parte de la interpretación maoísta del marxismo-leninismo. En la lucha por la hegemonía dentro del movimiento comunista internacional, China no escatimó esfuerzos para fomentar el surgimiento de grupos partidarios de sus tesis. Cuenta López Tovar en sus memorias: “Empezamos a sentir los aires de China, y un camarada nos propuso mandarnos propaganda, lo aceptamos sin ningún compromiso. Aquello fue un diluvio de revistas y periódicos, algo extravagante, nos dimos pronto cuenta de que aquello no nos servía para nada, y sobre todo cuando pudimos leer en una revista que la cosecha era buena gracias al pensamiento de Mao Tse Tung (…) Siguieron durante algún tiempo enviándonos propaganda a tal extremo que llegamos a pensar que estaban locos, cientos de revistas y de periódicos a tal extremo que los dejábamos en la calle en paquetes enteros”[23].

Con mayor o menor eco, la propaganda maoísta y el ejemplo de los movimientos de liberación tercermundistas incidían sobre un sector, el de la izquierda comunista, que acogía en su dividido seno a antiguos disidentes del PCE –militantes históricos en muchos casos, con un amplio historial de lucha durante la guerra civil y la resistencia antinazi-, grupúsculos del exilio escindidos tras el XX Congreso del PCUS, y activistas jóvenes del interior[24]. Sería la conjunción de la frustración generada por lo que juzgaban como inanidad de la oposición antifranquista y el voluntarismo de una generación de veteranos luchadores que se veía envejecer sin ver realizada su aspiración de derribar la dictadura lo que les llevaría de nuevo “al monte”.

 Organización  y acciones del MPTR.

La táctica a seguir por el reconstituido ejército republicano fue motivo de una de las primeras reuniones del denominado Estado Mayor del Movimiento por la IIIª República, celebrada en Toulouse en 1962, en la que se analizaron críticamente las actuaciones militares durante y después de la guerra civil. Uno de los asistentes –Jesús de Cos, alias “Comandante Pablo”, que había pertenecido a la Brigada Ceferino Machado de la guerrilla que actuó en los Picos de Europa hasta su retirada a Francia en 1947- relata: “Llegamos a la conclusión de que con la táctica y medios empleados para combatir a un enemigo bien pertrechado y organizado jamás un pueblo puede obtener una victoria empleando métodos de guerras clásicas frentistas y sí llevando a cabo una guerra popular de guerrillas, para lo cual tuvimos un ejemplo y un  precedente con la organización del XIV Regimiento en la retaguardia del enemigo durante los tres años de guerra y en la organización de la Resistencia en Francia”[25].

Los presentes se consideraban suficientemente autorizados para opinar, ya que prácticamente todos ellos habían sido responsables de grandes unidades durante el conflicto: Perea, como coronel del Ejército del Este; Del Barrio, comandante de la columna “Carlos Marx” desde las primeras jornadas de julio del 36 y posteriormente teniente coronel del XVIII Cuerpo de Ejército; Tovar, que había comandado la 42 y la 46 División del Ejército de Maniobra durante la batalla del Ebro, llegó a alcanzar el grado de teniente coronel de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) por su trabajo en la resistencia antinazi.

Los debates no se limitaban a lo exclusivamente militar. La controversia acerca de la pérdida de la guerra constituía aún entonces un lugar común en el discurso de la izquierda desgajada de los dos grandes troncos partidarios, cuyos orígenes se remontaban al mismo comienzo del exilio. Según  Jesús de Cos, “las discusiones, en lo que yo presencié, se basaban en las exacerbadas críticas que se hacían sobre la claudicación de la dirección del PC que ya estaba tratando de pactar en aquella época con franquistas y neofranquistas y denunciando nuestras iniciativas, porque preconizábamos la lucha armada, única opción que veíamos para derribar la dictadura. Quien más énfasis puso en estas discusiones fue el General Perea, en base a las experiencias vividas por él en España “[26]. La exigencia de responsabilidades políticas a la dirección del PCE, en particular, era una de las viejas tesis de Del Barrio, que desde 1953 venía exigiendo la convocatoria de un Congreso de reunificación de todos los comunistas en cuyo marco se llevara a cabo una comisión de investigación para dilucidar el comportamiento de cada uno de los dirigentes de 1939[27].

Desde el punto de vista operativo se crearon dos regiones de actuación, denominadas en clave “F” y “S”, designando como responsable de ésta última –que correspondía a la zona fronteriza- a López Tovar, con la misión principal de establecer bases de entrenamiento. Se trataba de reactivar la vieja red de enlaces de la época del maquis, con la intención de filtrar militantes desde Francia en lugar de reclutarlos en el interior[28]. En palabras del “Comandante Pablo”, “la primera tarea que se nos encomendó a cada responsable de región fue la de captar adeptos que estuviesen dispuestos a luchar por la reconquista de la República, para cuya ingente labor deberíamos reconstituir el embrión del futuro ejército republicano, pero empleando otros métodos de lucha (preconizados por Perea, del Barrio, Tovar, el coronel Redondo y treinta y tantos responsables que nos reunimos en Toulouse) (…) A  mí se me encomendó la  tarea de abrir los pasos de la frontera. Hice un viaje de ocho días desde Hendaya a Port Bou con Tovar y José Cólera para contactar con los viejos enlaces del PC y sí que tuvimos éxitos. Más tarde los pondríamos al servicio del recién constituido PC (m-l)  y del FRAP” [29]

A este respecto Tovar señala ya un elemento de debilidad en el desarrollo del movimiento: la incapacidad para reclutar adherentes jóvenes, por lo que se dependía de las “viejas glorias” de la época de la Resistencia y de la guerra civil, “cosa bastante difícil, porque los refugiados empezamos a tener las piernas cansadas, guerra de España y en Francia, y la nueva generación no se ocupa seriamente de lo que ocurre en España”.

El Movimiento por la IIIª República no participaba del vínculo generacional que caracterizaba a las otras organizaciones de la izquierda radical, la mayoría de cuyos militantes no habían nacido durante la guerra civil[30]. La IIIª República, por el contrario, estaba integrada por hombres que no solo la habían vivido, sino que habían ocupado puestos relevantes durante ella y en la inmediata guerra mundial. En este sentido, se puede considerar al Movimiento por la IIIª República como un producto de la revalorización de la lucha armada por parte de la nueva izquierda en los años 60, aplicada a un epifenómeno de la lucha guerrillera agotada en los 50.

Los grupos de la IIIª República se propusieron operar por zonas estancas, para evitar las caídas. Jesús de Cos comandó la correspondiente a los Pirineos Atlánticos. Tanto su casa de Burdeos como la pequeña empresa de construcción con la que se ganaba la vida fueron profusamente empleadas como base de transmisión, estafeta y puesto de cobertura a las operaciones en el interior. A pesar de este despliegue de voluntarismo, las acciones montadas fueron escasas:  “Supe –confiesa De Cos- que en Madrid y en Levante se hicieron algunas operaciones porque así me lo notificaron varios autores de las operaciones que pasaron por mi casa, pero no creo que fueron de mucha envergadura, aparte de difundir manifiestos. No tengo noticias de otras acciones”.

Tovar confirma que, dentro de una tónica de muy baja intensidad, la zona más activa fue la de Burdeos y Hendaya, donde “a pesar de la poca fe que poníamos en ello, pues no lo veíamos claro, llegamos a formar algunos grupos para salir directamente hacia España (…) con material nuestro que teníamos escondido de la Resistencia”. El propio Tovar tuvo que encargarse personalmente de servir de correo en alguna ocasión, aún sabiendo que tenía encima la vigilancia de la Dirección de Seguridad Territorial (DST) francesa[31]: “Una vez que el asunto corría prisa y no teniendo a nadie disponible, me encontré en Burdeos con una maletilla, con 50 detonadores y 50 cartuchos de plastic, y no encontré  a nadie en la cita. Estuve recorriendo algunos cafés con esa mercancía hasta que encontré a los interesados, si se le ocurre a la policía el controlarme, la que se hubiese armado”.

 

La coordinación tampoco debía ser eficaz, y las escasas acciones podían frustrarse por la deficiente red de contactos. El número de militantes nos es desconocido. Se apunta una cifra de 2.000 miembros entre el exilio y el interior, pero es seguro que se trata de un dato sobrevalorado: Tovar reconoce en algún  momento que los que se reunían con él en Toulouse eran unos treinta. [32]

La plana mayor de la IIIª República tenía noticias de la existencia de otros grupos que habían optado por el activismo armado en España –en 1964 Álvarez del Vayo había fundado el Frente Español de Liberación Nacional (FELN)-, pero nunca mantuvo contacto con ellos. La operación más audaz planificada por el movimiento fue, sin embargo, un trabajo por encargo: el intento de secuestro del líder nazi belga León Degrelle. Degrelle, fundador del Partido Rexista, se exilió en la España de Franco en 1944 huyendo del proceso que tenía pendiente en su país.  Se instaló en un paraje perdido de Sierra Morena, la finca “La Carlina”,  a veinte kilómetros del pueblo más cercano, Constantina, en la provincia de Sevilla. Desde allí montó una industria metalúrgica, efectuó operaciones de importación de algodón de Australia y, por último, se hizo empresario de la construcción, dándose la circunstancia de que edificó cincuenta chalets para familias de militares norteamericanos de la base de Morón de la Frontera. Cuenta Jesús de Cos que en los años 60, los servicios secretos israelíes, tras la captura, juicio y ejecución de Adolf Eichmann, pretendieron llevar a cabo una operación similar contra Degrelle. Para ello, ofrecieron armas y dinero a la IIIª República, que debería encargarse de localizar a Degrelle, secuestrarlo, transportarlo hasta territorio francés, y entregarlo a los agentes israelíes. Jesús de Cos fue encargado de constituir un grupo que sería dirigido por un responsable enviado desde Argelia, un tal José Luis Espinosa (“Juan”). De Cos diseñó un operativo en el que un miembro del grupo se destacaría hasta Sevilla para vigilar los movimientos de Degrelle y establecer una pauta de actuación, mientras que el resto del comando esperaría la ocasión para actuar desde un piso franco de San Sebastián, donde tenían previsto encerrar a Degrelle antes de pasar a Francia con seguridad. La operación fracasó porque una confidencia puso sobre aviso a Degrelle, que escapó, y la policía capturó al comando en San Sebastián[33]

Debilidad, crisis y desaparición del MPTR.

La responsabilidad de la fallida captura de Degrelle fue atribuida a la presencia de agentes policiales infiltrados en el movimiento. De Cos apunta, concretamente, al propio responsable de la operación, Espinosa, que escapó sorprendentemente de la redada en Guipúzcoa. Todavía tendría tiempo de trabajar en el interior del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico (FRAP) antes de que se destapara su relación con la policía española con motivo del atentado que en abril de 1978 llevó a cabo, junto con dos cómplices, contra el líder del Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), Antonio Cubillo –ex militante, por cierto, de la IIIª República[34]-. Tovar ya había advertido a José del Barrio y a Rafael Pérez Martín (“Coronel Arroyo”, jefe del contraespionaje de la IIIª República), de la presencia en el propio Estado Mayor de elementos sospechosos: <<Del Barrio manifestó que ya lo sabía, pero lo soportaba para controlarlo; esto creó como consecuencia un barullo indescriptible y el final de la reunión (…) A continuación –concluye Tovar- yo presenté mi dimisión al movimiento de la IIIª República>>.

A la facilidad para ser penetrado por provocadores franquistas y a los impedimentos opuestos por la policía francesa había que sumar la absoluta penuria de medios a la que debía enfrentarse el movimiento:  “Pronto nos dimos cuenta que esto no marchaba, aquí en Francia no recibimos la más pequeña ayuda para podernos organizar, viajar, etc, etc, papeles no nos faltaban, pero detrás no había nada consistente. Estos dirigentes se dedicaron a viajar, China, Yugoslavia, países africanos, etc. Etc, seguramente en busca de reconocimientos oficiales, pero lo principal que era en España, no respondía como debía (…) Como los de Argelia no mandaban nada y todo el mundo pedía, pensábamos que nosotros nos quedábamos con ello, una vez casi salimos a tiros, la verdad es que nunca recibimos la más pequeña cantidad de dinero”[35].

En septiembre de 1967 se produjo el fallecimiento del general Perea, dos años después del derrocamiento en Argelia de Ahmed Ben Bella, y un año antes del asesinato en Guinea de Atanasio Ndongo, los principales valedores de la IIIª República. Falto de un liderazgo que Del Barrio no pudo o no quiso asumir, y de todo apoyo tanto en el exterior como en el interior, el Movimiento por la IIIª República se derrumbó. Tovar lo enjuició póstumamente con una mezcla de fatalidad y pragmatismo: “Este movimiento no podía tener éxito, pues le faltaba el apoyo del pueblo, nosotros seguimos esto porque nos permitía tener contactos, y al mismo tiempo organizarnos como partido”.

En esta perenne búsqueda de aquel alguien que hiciese algo, varios de los integrantes de la IIIª República – Tovar, De Cos, “Arroyo”…- acabarían por ser atraídos a la órbita de una nueva organización, el PCE (m-l), o de su frente de masas, el FRAP[36]. Sin embargo, cuando en 1974 el FRAP postulase el salto a la lucha armada, algunos de los más veteranos dirigentes guerrilleros dejarían de acompañarle en un camino que, habiendo sido durante mucho tiempo el de su vida, consideraban ya para entonces definitivamente cancelado.

17Dirigentes del MPTR (De izquierda a derecha: Antonio Cubillo, Juan Perea y José del Barrio, junto con el dirigente ecuatoguineano Atanasio N´dongo).

 


[1] SERRANO, Secundino: Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista. Madrid, Ediciones Temas de Hoy, 2001, pp. 145 y 334. Los últimos 29 guerrilleros socialistas asturianos huyeron desde el puerto de Luanco en un barco de pesca francés, en el que llegaron hasta el puerto de San Juan de Luz, adonde llegaron el 22 de octubre de 1948. Sobre las organizaciones del PNV, DOMÍNGUEZ IRIBARREN, Florencio: “La violencia nacionalista de ETA”, en JULIÁ, S. (ed.): Violencia política en la España del siglo XX,  Madrid, Taurus, 2000, p. 329.

[2] MORENO GÓMEZ, Francisco: “Huidos,  maquis y guerrilla: Una década de rebeldía contra la dictadura”, en Ayer, nº 43,  2001.

[3] HEINE, Harmut: La oposición política al franquismo,  Barcelona, Grijalbo, 1983,  pp. 472-474.

[4] MORÁN, Gregorio: Miseria y grandeza del Partido Comunista de España, 1939-1985. Barcelona, Planeta, 1986, p. 353. Para el clima de convocatoria de la “HNP” y el debate que su fracaso motivó posteriormente en el PCE, SEMPRÚN, Jorge: Autobiografía de Federico Sánchez. Barcelona, Planeta, 1977.

[5] Julio ÁLVAREZ DEL VAYO llevó a cabo en el exilio varias iniciativas destinadas a unir a los socialistas de izquierda, antiguos seguidores de Negrín y opositores a Indalecio Prieto. Fundó la Unión Socialista Española y, tras buscar infructuosamente apoyos en Yugoslavia y Cuba, acabó por integrarse en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico (FRAP) -organización “de masas” vinculada al PCE (m-l)-, que presidió hasta su muerte en 1975. José del BARRIO NAVARRO fue expulsado del PSUC en 1943, por su crítica del papel jugado por la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Fundó varias organizaciones comunistas disidentes, entre las que destacaron los Círculos de Acción Socialista. Colaboró estrechamente con el exdirigente del PCE Jesús Hernández Tomás en la formación de un partido pro-yugoslavo.

[6] Tras el enésimo enfrentamiento entre los comunistas y el resto del antifranquismo, se intentaron proyectos unitarios en 1951, con motivo de la Conferencia por la Paz de Zagreb –fracasado por tener lugar durante el periodo álgido del cisma titista-, y en 1953, con la creación de un denominado Movimiento Republicano Antifascista de Liberación Hispana –con una indeterminada nómina de organizaciones signatarias que hace sospechar su prácticamente nula representatividad-. Fondo personal de José del Barrio, 3(2) b I (1), Centro de Estudios Históricos (CEHI). Para el Congreso de Zagreb, HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, Fernando: “El hombre de Belgrado: Jesús Hernández y el movimiento comunista en los años 50”, Actas del I Congreso de historia del PCE, Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2004.

[7] Acción Socialista, año IX, 2ª época, nº 55, París, marzo, 1961.

[8] “Mensaje del general Alberto Bayo a todos los españoles”, Acción Socialista, año VII, 2ª época, nº 45, 14 de abril, 1959.

[9] MONREAL, Manuel: Bayo, España y la Libertad. Editorial Revolucionaria Bayo Libros, La Habana, 1961, pp. 90-91.

[10] MONREAL, op, cit. p. 97 y 101. El intercambio epistolar entre Bayo, Martínez Barrios y Gordón Ordás, en pp. 110-127.

[11] “El llamado Manuel Rojas y cuyo nombre auténtico es Abderramán Muley, delegado de la UCE en Cuba (…) había ejercido cierta influencia en el animo de algunos compañeros, con la promesa del comandante Gutiérrez Menoyo (…) en facilitar mil equipos de guerra completos. También alardeaba de su organización clandestina de jóvenes estudiantes en Madrid, dispuestos a actuar y otro grupo de cien jóvenes españoles en Cuba, fogueados en la Revolución y conocedores de toda clase de armas, estaban dispuestos a actuar. Todo esto era falso. Nada existía”. MONREAL, op, cit. p. 132

[12] MONREAL,  pp. 115 y 131.

[13] MONREAL,  p. 162

[14] RAMONET, Ignacio: “Santa Liberdade”. La Voz de Galicia, 16 de junio de 2004.

[15] MONREAL, p. 207.

[16] Acción Socialista, año IX, 2ª época, nº 55, París, marzo (1961), p. 2.

[17] No en vano Del Barrio había apoyado las posiciones de la Yugoslavia de Tito desde los tiempos de la ruptura del régimen socialista balcánico con la Kominform, en 1948. HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, Fernando: op. cit., p. 15-20.

[18] Del Barrio había sostenido en los meses finales de la guerra una agria polémica con su propio partido, el PSUC, a costa de sus planes y los de Perea de mantener una cabeza de frente en el Pirineo leridano, a fin de ofrecer un territorio liberado al gobierno de la República por si acababa produciéndose una intervención de las democracias en contra de Franco. La dirección del PSUC rechazó el proyecto y lo bautizó como la “república Perea-Del Barrio o la república de los aventureros”. Fondo personal José del Barrio, 2 (1) 0 (20), CEHI.

[19] LÓPEZ TOVAR, Vicente: Biografía de Vicente López Tovar, coronel de los guerrilleros españoles en Francia. Manuscrito inédito,  mecanografiado, Toulouse, 1986, p. 203.

[20]“El 2 de febrero de 1963 recibo la Tarjeta Militar de identidad al grado de Coronel de Infantería del futuro Gobierno de la III República”. LÓPEZ TOVAR, Vicente: op. cit., p. 203.

[21] La sede se eligió contando con los apoyos del gobierno argelino, del  partido único, el Frente de Liberación Nacional, y muy especialmente del presidente Ahmed Ben Bella. La IIIª República recibió también el sostén del dirigente anticolonialista ecuatoguineano Atanasio Ndongo. LÓPEZ TOVAR, Vicente: op. cit., p. 209.

[22] Citado en RUIZ AYÚCAR, Ángel: El Partido Comunista. 37 años de clandestinidad. Madrid, Editorial San Martín, 1976, p. 328.

[23] LÓPEZ TOVAR,  p. 201.

[24] Cuenta López Tovar que llegó “a tener un pequeño núcleo que no estaba de acuerdo con la política de Carrillo [y] Dolores”. El problema era que su formación política era deficiente y no les servía para superar la admiración  reverencial con la que, aún en la disconformidad, trataban al Partido: “Muchos de ellos eran políticamente flojos, no llegaban a comprender que los que actualmente dirigían el Partido eran revisionistas, tenían falta de información, lo único que habían hecho en su vida era cotizar y decir que sí”. LÓPEZ TOVAR, Vicente: op.cit., p. 197.

[25] Correspondencia con Jesús de Cos “Comandante Pablo”, marzo de 2004.

[26] Carta al autor de Jesús de Cos, 27/11/2004.

[27] Del Barrio impulsó una Comisión Pro Congreso Extraordinario de todos los comunistas cuya misión sería la de nombrar una Comisión de Responsabilidades “compuesta de comunistas de reconocido criterio propio, imparcialidad y honorabilidad”, ante la que tendrían obligación de comparecer todos los miembros del Comité Central nombrado en 1937 y cuantos otros militantes comunistas hubieran ejercido cargos de responsabilidad desde entonces hasta la fecha, militen o no militen en ningún sitio”. AHPCE, Divergencias, 107, 2/10  “Breves comentarios a la reunión del CC del PCE…”, México, 1956, y ESTRUCH, Joan: El PCE en la clandestinidad (1939-1956), Madrid, Siglo XXI, 1982, pp.171-173. En ello coincidía plenamente con Tovar, que hizo un llamamiento en el mismo sentido  en 1956.

[28] Esta táctica intentaba copiar el modelo de red de apoyo a los grupos armados que tan buenos resultados había dado a los maquis españoles en Francia, tanto en tiempos de la resistencia antinazi como en vísperas de la invasión del valle de Arán. Los “chantiers” –explotaciones forestales de madera y carbón, algunas bajo una cobertura empresarial ficticia, como la famosa “Entreprise Forestier du Sud Oest”, conocida por la policía franquista como “Fernández, Valledor y cía”- habían servido como escondite, depósito de armas y fuente de financiación para las actividades guerrilleras en los años 40. Ahora, veinte años más tarde, era bastante difícil que conservaran esa potencialidad. RODRÍGUEZ, Mikel: Maquis, la guerilla vasca (1938-1962), Navarra, Txalaparta, 2001,  p. 120

[29] Carta al autor de Jesús de Cos, 27/11/2004.

[30] CASTRO MORAL, Lorenzo: “La izquierda radical y la tentación de las armas”, en ROCA, J.M. (ed.): El proyecto radical. Auge y declive de la izquierda revolucionaria en España (1964-1992), Madrid, Los libros de la catarata,  1994, p. 133.

[31] La DST ya había intentado expulsar a Tovar de Francia en 1950, tras la ilegalización de la organización del PCE en el país galo. Le salvaron su condición de antiguo oficial de las FFI y una recomendación personal de André Malraux. Perea tuvo menos suerte y vio prohibida su estancia en Francia en abril de 1963. LÓPEZ TOVAR, op. cit, p. 209. Jesús de Cos fue detenido en dos ocasiones. COS, Jesús de: Memorias, manuscrito inédito, Cantabria, 1997, sin paginación.

[32] A título meramente informativo, a Jesús de Cos le adjudicaron la cartilla militar nº 628, con el grado de comandante.

[33] “Cuando ellos creían que estaban a punto de ganar la partida, cuando ya las líneas telefónicas de ni propiedad de Constantina ya habían sido cortadas por los cómplices comunistas y todos los perros de la vecindad habían sido envenenados para que no hubiera la menor alerta, cuando mis raptores llegaron a la fase final, ¡catapún!, la policía española se les echó encima. (…) Una última tentativa de secuestro fue preparada por barbouzes del general De Gaulle. (…) Los secuestradores del general no tuvieron más suerte que sus predecesores belgas o israelíes. Fueron detenidos por la policía española junto a la misma valla de mi propiedad.” DEGRELLE, León: Leon Degrelle, firma y rubrica, Madrid, Dyrsa, 1986. Las referencias a su finca y los episodios ocurridos en ella se encuentra en la dirección web http://mural.uv.es/numarda/degrelle.html

[34] Según Tovar, “Cubillo (…) empezó su campaña por la liberación de las Islas Canarias [cuando militaba en la IIIª República], incluso si no me equivoco, la primera proclamación de independencia la hizo en mi laboratorio”. LÓPEZ TOVAR, op. cit., p. 210.

[35] LÓPEZ TOVAR, op. cit.,  p. 210.

[36] “Cuando se desmoronó el Movimiento por la IIIª República vino a visitarme Paulino García Moya y me pidió que ingresase en el PC (m-l), recientemente constituido, con todos los compañeros que yo tenía organizados en el movimiento (…) Llamé al responsable de Madrid, alias “Antonio”, que creo había sido durante la guerra civil colaborador de Mundo Obrero o Bandera Roja y allí se decidió que Paulino debía ir al interior a organizar el Partido”. COS, op. cit., sin paginación.

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