La política comunista española desde México durante la guerra mundial: exilio, aislamiento y “operaciones especiales”.

 

mexicoLa derrota de la República española en abril de 1939 empujó al exilio a una gran parte de dirigentes y militantes significados de las organizaciones que habían conformado el Frente Popular. Los pertenecientes al Partido Comunista de España (PCE) se repartieron entre la Unión Soviética – en dónde recaló la mayor parte de sus altos cuadros políticos y militares[1] -, Francia – de la que algunos pudieron salir en última instancia hacia Hispanoamérica, antes de que al resto les alcanzara la invasión nazi, confinándoles a la deportación o empujándoles a la integración en las redes de resistencia[2]-, y diversos países de América (Cuba, Chile, República Dominicana), entre todos los cuales ocupó un lugar sobresaliente el México gobernado por el presidente Lázaro Cárdenas, bajo cuyo mandato (1934-1940) el país se hallaba inmerso en un proceso de institucionalización revolucionaria[3]. Fue aquí donde, en la primera mitad de los años 40, reorganizaron la estructura del partido para intentar incidir en el interior de España, al tiempo que pretendieron diseñar plataformas que unificaran la oposición al franquismo, y prestaron su colaboración a la estrategia estalinista de lucha global contra el trotskismo.

 

1.     La llegada de comunistas españoles a México y sus relaciones con el Partido Comunista Mexicano (PCM).

Según recuerda Adolfo Sánchez Vázquez, los comunistas que marcharon a México fueron seleccionados por el partido entre activistas, cuadros y mandos militares, es decir, entre gente capacitada, en principio, para desarrollar una intensa vida política[4]. Sin embargo, las autoridades mexicanas dejaron claro que permitirían la actividad de los exiliados siempre y cuando se ciñera al ámbito de los asuntos españoles, absteniéndose  absolutamente de intervenir en la política mexicana. Por lo que toca al PCE, no se interferiría en sus actividades y se permitiría moverse libremente a sus dirigentes, aunque la policía mantuviera una continua vigilancia sobre ellos. De hecho, la dirección comunista pudo dotarse con cierta presteza de sus propios órganos impresos de propaganda (España Popular, que apareció en febrero de 1940, con periodicidad primero quincenal y luego mensual) y de formación política (Nuestra Bandera, que vería la luz en junio del mismo año).

Bajo estas premisas se instalaron en México unos 700 miembros del PCE (sobre un total de 7.000 refugiados)[5]. Según informarían al Comité Central (CC) un par de años después Vicente Uribe y Antonio Mije, los dos principales miembros del Buró Político (BP, el máximo órgano de dirección del PCE) instalados en México, la mayor parte de los exiliados comunistas españoles en México, se habían adaptado, en general, a la vida económica del país y tenían trabajo. De entre los dirigentes, solo Pedro Checa y Mije estaban liberados a cargo del partido.

Como resultado de la integración en la realidad de la nueva sociedad que les acogía, los españoles se afiliaron a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), colaborando en el diario sindical, El Popular[6]. En el plano político las cosas no eran tan sencillas. Las leyes mexicanas castigaban severamente, incluso con la expulsión fulminante, la intervención de cualquier extranjero en los asuntos políticos internos. En estas circunstancias, no es extraño que bastantes comunistas españoles entrevistados años después no reconocieran haber tenido relación orgánica con el PCM. Por ejemplo, Sánchez Vázquez hablaba de relaciones con camaradas y dirigentes mexicanos solo a título personal:

“Claro, hubo relaciones entre nuestros dirigentes con los dirigentes del partido mexicano y claro que tenían una relación directa; había una ayuda mutua, me imagino. Desde el punto de vista de los militantes, había relaciones personales y asistíamos a los actos […] Nosotros veíamos al partido como un partido hermano y en general seguíamos atentos a su política y suscribiéndola”[7].

No son pocos los investigadores que afirman que la organización del PCE en México no tuvo relación con el PC Mexicano. Patricia W. Fagen afirma que el PCE y el PCM operaron de forma totalmente separada[8]. Para Pablo Carrión, la relación con el PCM se movió en el ámbito de la solidaridad, pero sin que se constataran injerencias. Es cierto que los españoles colaboraron con de la escuela de formación de cuadros del PCM, pero ambas organizaciones respetaron su autonomía.[9] Abdón Mateos señala que, muy pronto, la Internacional Comunista dio instrucciones para separar orgánicamente a ambos partidos, lo que trajo consigo, en términos generales, el alejamiento de los cuadros del PCE de las tareas de formación de cuadros mexicanos y de la militancia en sus células, remitiéndose a los testimonios de Aurora Arnáiz, Nestor de Buen, Luis Suárez y José Alcántara[10]. Por su parte, Barry Carr[11] circunscribe la intervención de los comunistas españoles en México al proceso de depuración del PCM que se llevó a cabo en el VIII congreso extraordinario celebrado en marzo de 1940, en el que fueron expulsados Valentín Campa, viejo sindicalista, fundador de la Central Sindical Unitaria de México, y Hernán Laborde. Se formó una comisión de depuración presidida por Vitorio Codovilla –que ya había sido previamente delegado de la Komintern ante el PCE entre 1932 y 1937-, y compuesta por Pedro Checa y Antonio Mije, por el PC español; John Ford y Gene Green, del PC estadounidense; y Ricardo Martínez, secretario de Codovilla, a cuyas reuniones asistió un par de veces Vittorio Vidali. El pretexto para la expulsión del grupo dirigente del PCM fue su supuesto carácter “oportunista, revisionista, corrupto y capitulador ante el gobierno de Cárdenas”[12], aunque en el fondo parecía latir la negativa de Campa y Laborde a colaborar en la eliminación de Trotski, residente en México desde febrero de 1938. Dionisio Encinas, completamente identificado con el ala estalinista, fue elegido secretario general del Partido Comunista de México.

Existen indicios, sin embargo, de que hubo una mayor presencia de los comunistas españoles en el PCM de lo que es generalmente aceptado. En un informe de 1941 se afirmaba que:

“los camaradas españoles participan en las reuniones de la célula del Partido Mexicano y participan en la vida de esta, ocupando también cargos en el Partido […] Antes asistía Mije a las reuniones del BP mexicano, pero después del asesinato de Trotzki [sic] empezaron los trozkistas y todos los enemigos del Partido una furiosa campaña contra los camaradas españoles; se acusó a Luis [Codovilla] de ser el organizador del asesinato, etc. La situación de los camaradas españoles se hizo muy difícil y por ello se decidió conjuntamente con la dirección del Partido Mexicano que Mije no asista a las reuniones del Buró Político, ni en general a las reuniones del Partido Mexicano. Pero sigue colaborando estrechamente con Dionisio [Encinas] y constituye una importante ayuda”[13].

Según Jesús Hernández, el ascendiente sobre Encinas de Mije, al que calificaba como el “hombre nefasto” para el PCM[14], sería el motivo de la terrible merma en la afiliación al partido mexicano, que pasó de 30.125 militantes  en 1939 a 5.331 en 1944[15].

No sería extraño que, al menos hasta la disolución de la Komintern en 1943, los comunistas españoles se hubieran integrado en las filas del PCM. Al fin y al cabo, la Internacional Comunista operaba como un partido mundial, siendo las organizaciones de cada país meras secciones nacionales. De hecho, los militantes comunistas que pasaban a residir en otro país se obligaban a darse de alta en las filas del PC local (como ocurrió con los brigadistas internacionales que llegaron a España; o como los extranjeros que integraron la sección MOI –Mano de Obra Inmigrada- del PC Francés). Rómulo García Salgado recordaba que:

“Cuando llegamos a México, por un concepto especial de política de partido, ingresamos en el Partido Mexicano Comunista [sic], pero eso no quiere decir que la célula de Vulcano… no funcionara por su cuenta. La realidad es que no hubo entendimiento entre el partido mexicano y el partido español, eran otros intereses distintos los que nos motivaban y nos movían… Entonces el partido español volvió a separarse del mexicano, se formó el partido español, la delegación del partido en México, y ya funcionó como partido español y sigue funcionando [Pregunta: ¿Cuánto tiempo permanecieron en unión con el Partido Comunista Mexicano?] Unos cuatro años”[16].

 Por su parte, José Duque respondía a la cuestión sobre el tipo de trabajo que españoles y mexicanos realizaban conjuntamente en este tiempo:

“Pues el trabajo en común con ellos, más que nada era asistir a reuniones y… claro, los comunistas donde llegasen en aquellos tiempos estaban obligados a pertenecer a una célula. Yo pertenecía a una célula, a la que pertenecían otros compañeros mexicanos… Pero eso fue muy provisional. Los compañeros mexicanos entendieron enseguida una cosa, que los comunistas españoles también tenían aire de conquistadores y que de una manera, sin darse cuenta, pues ese espíritu les salía a la superficie. Y entonces hubo algunas fricciones … Y, por tanto, se llegó a un acuerdo, acuerdo tácito: seguir cada uno por su lado”[17].

2.     La reorganización del PCE en México: políticas unitarias, conflictos aislantes.

En 1940, tras una reunión entre la dirección de la Komintern  y la cúpula del PCE, se aprobaron las directrices para organizar el trabajo de la dirección en América. Se procedió a la designación de un secretariado de cinco miembros, a los que se atribuyeron misiones específicas: Por este orden, Vicente Uribe –máximo responsable del partido-,  Jesús Hernández –propaganda-, Santiago Carrillo –juventud-, Antonio Mije –relaciones con otras fuerzas políticas- y Francisco Antón –organización[18].

La invasión nazi de Francia en 1940, y de la URSS en 1941, impidió la llegada a México de los responsables que se encontraban en Moscú (Hernández y Antón), siendo solo posible la instalación en América de quienes se encontraban originariamente en Francia o en otros países del continente americano. Uribe quedó momentáneamente en Cuba, por lo que de la dirección de la delegación del BP del PCE en México se encargó en principio Mije, junto con Ángel Álvarez. En los puertos de Veracruz, La Habana y Buenos Aires, el PCE intentaba entrar en contacto con marinos mercantes dispuestos a proporcionar información sobre la situación española y a introducir propaganda clandestina o llevar en sus bodegas a militantes con destino a España.

La entrada de los Estados Unidos en la guerra mundial en diciembre de 1941, secundada de inmediato por el gobierno cubano, interrumpió el tráfico marítimo entre La Habana y Europa, por lo que los puestos de México y Buenos Aires adquirieron aún más importancia para el mantenimiento de contactos y envíos a la península. Uribe pasó a México, para presidir la delegación del BP junto a Mije– Para establecer una cabeza de puente en el interior peninsular, el partido decidió establecer un puesto avanzado en Lisboa, a cuyo frente deberían estar militantes curtidos en la lucha clandestina como Jesús Larrañaga, Isidoro Diéguez y Manuel Asarta. Ellos deberían encargarse de entrar en contacto con los núcleos reorganizados existentes en Vigo, Bilbao y Madrid. [19]

México adquirió una importancia fundamental para el trabajo del partido, tanto por conformar el centro más importante de la emigración republicana –sede de las instituciones (Cortes y Gobierno) en el exilio y residencia de una gran parte de la intelectualidad huída del franquismo- como por constituir una plataforma de lanzamiento para actividades en el interior de España. México ofrecía las ventajas de recibir una información frecuente de la situación interior del franquismo; permitía incidir en el interior a través del envío de enlaces, y suponía tener presencia en los foros internacionales a través de los organismos unitarios de la oposición republicana y de las actividades, protegidas por el gobierno mexicano, de las Cortes y las instituciones de la República en el exilio..

La línea desarrollada por la dirección encabezada por Mije y Uribe se caracterizó, desde un principio, por una deriva oscilante y contradictoria, de confrontación con las instituciones republicanas y de rechazo a la colaboración con los sectores de la izquierda socialista – el grupo de Ramón Lamoneda y Juan Negrín-, actitud que contribuyó al aislamiento del partido y a la desorientación de la militancia. Cuando estalló la guerra mundial, la firma del acuerdo Molotov-Ribbentrop fue asumida de manera acrítica por los partidos comunistas ligados a la Komintern, Entre septiembre de 1939 y junio de 1941, la Internacional se dedicó a denunciar la guerra como un asunto imperialista ajeno a los intereses de los trabajadores. En aplicación de esta interpretación, el CC del PCE publicó el 25 de noviembre de 1939 un manifiesto con la firma de José Díaz y Dolores Ibárruri, titulado La guerra imperialista y  dirigido “a todos los miembros del PCE, a la emigración española, al pueblo que sufre y lucha bajo la dominación de Franco”, donde se afirmaba que:

 

“la guerra europea actual no tiene nada de común con la guerra justa, con la guerra de independencia nacional que llevaban los obreros, los campesinos, las masas populares de España contra la reacción interior e internacional. La guerra europea actual es una guerra imperialista; guerra dirigida contra los intereses de la clase obrera, de los trabajadores y los pueblos. Es una guerra entre los bandos imperialistas por la dominación del mundo. No es una guerra antifascista.” 

A continuación, se responsabilizaba de la guerra a “los Chamberlain, Daladier, Blum y Attle”, a los “jefes vendidos de la II Internacional”, al imperialismo italiano… sin citar ni en una sola ocasión el expansionismo nazi[20]. Sobrepujándose en la aplicación de estas directrices, la dirección en México ordenó suprimir de la prensa, de los mítines y de las comunicaciones internas del partido todo cuanto pudiera molestar los alemanes, volcando únicamente sus ataques contra el “imperialismo inglés”[21].  Vicente Uribe publicó en España Popular que los comunistas no iban a propugnar la participación en la “guerra imperialista” porque se oponían a cualquier forma de unión sagrada con la burguesía y los imperialistas. En un prodigio de reinterpretación de la implicación nazi en la guerra de España, llegó a sostener que se había debido a las maquinaciones de “los imperialistas y la reacción internacional” que habían orientado su política “para lanzar lo que entonces era imperialismo agresor –el fascismo alemán- contra la patria del socialismo”.[22]

Las tornas cambiaron en junio de 1941, con la invasión alemana de la URSS. La Internacional Comunista enunció entonces la línea política de “Unión Nacional” (UN), consistente en la creación de amplios frentes interclasistas donde se coaligaran todas las fuerzas cuyo objetivo principal fuera la derrota del fascismo. La adaptación a la situación española por parte del PCE apareció expuesta por primera vez en un manifiesto del Comité Central  publicado en agosto de 1941. El objetivo era unir a toda la nación -desde la clase obrera a la burguesía nacional- para evitar que Franco entrara en la guerra al lado de Hitler. Para ello, no se dudaba en hacer un llamamiento a sectores que, habiendo figurado en las filas del franquismo (carlistas, jefes, oficiales y clases del ejército, sectores conservadores y católicos, grupos capitalistas españoles ligados al capital anglo-americano) estuviesen dispuestos a defender la causa de la independencia nacional[23]. La  mano tendida a los enemigos de ayer excluía, sin embargo, a los implicados en la sublevación casadista, los “espías nazi-trostkistas agentes de la GESTAPO” –es decir, el POUM-, y a líderes como los socialistas Prieto y Araquistáin y el anarcosindicalista Abad de Santillán, a los que se ubicaba, de hecho, en la misma trinchera que los “falangistas germanizados”. Los puntos de esta primera versión del programa de la UN consistían en el reconocimiento de la legalidad republicana de 1931, la constitución de un gobierno de Unión Nacional bajo la jefatura del doctor  Negrín, el restablecimiento de las libertades básicas en España y la alianza con la URSS y con las democracias contra Hitler.[24]

Cuando en la primavera-verano de 1942 se produjo la ofensiva alemana que llevaría a sus tropas ante las puertas de Stalingrado, los rumores sobre una posible paz por separado entre Alemania y Gran Bretaña movilizaron a la diplomacia soviética. Molotov viajó a Londres y Washington para disipar los temores de Occidente sobre las intenciones de la URSS tras la guerra. Como muestra de buena voluntad, se procedió a la disolución de la Komintern en 1943. La revolución desaparecía del horizonte político del movimiento comunista a corto y medio plazo. En consecuencia, la línea política de UN dio una nueva vuelta de tuerca hacia posiciones aún más próximas a la alianza con los sectores conservadores.  El 5 de septiembre de 1942 un nuevo llamamiento del CC del PCE sentó las bases de la política de UN para los siguientes años. El escenario dibujado por el partido trazaba una línea de confrontación a uno de cuyos lados se encontraban Franco y los falangistas germanófilos, y al otro, el resto del país, incluyendo hasta las más diversas fuerzas conservadoras: industriales, terratenientes y comerciantes. El programa de la segunda versión de UN contenía los siguientes puntos:  Ruptura de todos los lazos con el Eje, depuración de falangistas del ejército y la administración, liberación de presos y retorno de exiliados, restablecimiento de las libertades, y convocatoria de una Asamblea Constituyente para que el pueblo, libre y democráticamente, decidiese el futuro régimen del país. Desaparecían, pues, las referencias al gobierno Negrín, a la legalidad republicana y a las autonomías, buscándose la aproximación a los monárquicos juanistas[25]

La política de UN, con sus implicaciones de apertura hacia sectores a los que se había combatido con las armas hasta hacía un par de años –y que en muchos casos aún ocupaban importantes parcelas de poder en el aparato del Estado franquista- y de captación, al propio tiempo, de apoyos entre los grupos de la emigración republicana, requería el ejercicio de una sutileza en la ejecución de fintas tácticas a derecha e  izquierda que se encontraba muy por encima de las posibilidades del dúo formado por Uribe y Mije. En continua competencia con los centros dirigentes de los partidos rivales en el ámbito republicano, la delegación del PCE en México tan pronto acentuaba los aspectos sectarios y excluyentes de la UN, rechazando la colaboración con Izquierda Republicana, la Unión Republicana, el Partido Socialista, los nacionalistas vascos y catalanes y la CNT, como  blasonaba de haber conseguido la incorporación de representantes de los grupos agrarios católicos, procedentes de la antigua CEDA, y de carlistas arrepentidos al proyecto unitario antifranquista. En la práctica, la retórica de la delegación  en México ahuyentaba a los posibles aliados conservadores y repelía a los de la emigración republicana. La situación era enormemente preocupante pues, como escribía Hernández  a Dolores Ibárruri en diciembre de 1942, “estamos en tal punto que, o bien provocamos una rápida reacción de comprensión entre las distintas fuerzas en que hoy nos apoyamos, o corremos el riesgo de quedar aislados”[26].

En medio de todo esto, el estupor de las bases se traducía en un sordo malestar y en el abandono o exclusión de la militancia activa[27], proceso paralelo a los despropósitos de una dirección que tan pronto creía inminente una insurrección popular contra Franco como invitaba al pronunciamiento de  “un militar con redaños que desenvainara su valerosa espada” contra el dictador[28]. Destacados dirigentes, como Margarita Nelken, abandonaron el partido en desacuerdo con esta línea política. Otros, como José del Barrio, del PSUC, fueron expulsados. Para romper con esta dinámica, la dirección en Moscú, convencida de que el problema era la incapacidad del grupo de México para interpretar correctamente la línea política de UN, decidió marcar de cerca de Mije y compañía dictándoles las consignas por telégrafo para evitar errores, a la espera de poder enviar a América a dirigentes de fuste que pusieran orden en la situación[29]. La polémica se agriaría aún más desde comienzos de 1943: la derrota alemana en Stalingrado, que marcó un punto de inflexión en la guerra haciendo bascular el fiel de la victoria hacia el bando aliado, provocó el surgimiento dentro del PCE de voces –pronto silenciadas por las purgas internas- que reclamaban un reformulación de la política de UN, abandonando el proyecto de alianza con los monárquicos y los tránsfugas del franquismo, por innecesaria, y la aproximación de nuevo a los viejos socios republicanos y socialistas[30].

Otra de las deficiencias del trabajo de la delegación del BP en México afectaba a la seguridad del trabajo clandestino dirigido al interior de España. Los envíos de militantes terminaban frecuentemente con la detención de los implicados al poco tiempo de llegar al país, y se sospechaba de la posible existencia de infiltraciones policiacas. A finales de 1941 había caído el puesto avanzado lisboeta. Larrañaga, Diéguez y Asarta fueron entregados a las autoridades franquistas por la policía de Salazar, juzgados y ejecutados en enero de 1942. Aunque la causa de su captura se debió a la detención de dos activistas en Madrid, que pusieron a la policía en la pista de la organización en Vigo a través de la cual contactaba el grupo de Lisboa[31], existía la impresión de que los dirigentes de la delegación del Buró en México no observaban las medidas de seguridad que eran de rigor:

“Aquí en México DF pueden verse de pronto una serie de camaradas que trabajan por los estados y que al llegar al Distrito Federal se visten muy bien, van a los cafés y a los cines, hacen una vida de turistas. No explican el por qué de su presencia en la capital y que, poco a poco, desaparecen después. Cuando ven a uno de estos los camaradas del Partido comentan “es de los que van a España”. Pero quizás la máxima indiscreción se puede encontrar en las páginas de España Popular. Véase la colección y se comprobará que en cada ciudad, prisión, campo de trabajo o de concentración de Franco, en la que tengamos la existencia de un trabajo organizado del Partido, nuestro periódico, en irresponsable afán publicista, lo ha dado a conocer, sirviendo este hecho de orientador a la acción represiva de la policía falangista de España”. [32]

Por último, existían quejas acerca del tren de vida llevado por los dirigentes de la organización. Según los testimonios de militantes y cuadros del partido en México, Mije y Uribe vivían en chalés de la zona residencial de Cuernavaca, con servicio doméstico y chófer particular[33]. Ambos contaban a su disposición con un nutrido y costoso aparato burocrático, en el que figuraban más de dos docenas de liberados que eran empleados como red de información de los dirigentes para reprimir el descontento de la militancia[34]. Se extendía la sospecha de que el mantenimiento de tal nivel de gasto era posible por una inadecuada administración de los fondos generales del partido y de las aportaciones económicas recibidas mediante los Comités de Ayuda a la emigración, que llegaban de los Estados Unidos y que Mije gestionaba sin ningún control[35].

Mije se mostraba especialmente puntilloso con este tipo de comentarios. José Duque recuerda que redactó para España Popular varios artículos acerca de cómo debían vivir los emigrados políticos revolucionarios a la luz de la experiencia de Lenin: sin ostentación, “como vivían todos sus camaradas en Londres, en París, en Ginebra, en Viena y en donde fuera”, porque si hubieran hecho lo que se estaba viendo en México – “si en vez de organizar la lucha revolucionaria se dedicaban al comercio, pues se harían multimillonarios”- la revolución rusa se hubiera aplazado dos mil o tres mil años. “Cuando llegó Mije – concluye Duque-no le gustaron y jamás se publicaron”[36].

Para Vittorio Vidali, algunos dirigentes del exilio estaban “deteriorados por la presunción, los viajes a Cuernavaca, por la poca voluntad de estudiar [y] por la convicción de ser grandes personajes”. Esto constituía un grave problema político para el porvenir, pues cabía suponer que aquellos que han “vivido cómodamente [y] capitalizado la guerra y el sacrificio del pueblo, y se han enamorado de la vida tranquila y lujosa” iban a quedar incapacitados para adaptarse a una vida dura y llena de sacrificios cuando regresaran a su país tras una futura liberación[37].

En septiembre de 1942, en la reunión de Moscú donde se aprobaron los rasgos definitorios de la política de Unión Nacional, se acordó el viaje de Hernández y Antón a México para asegurar la aplicación de la nueva línea del partido. Se trataba de completar el núcleo de dirección en América tal como se había previsto en 1940, y que no se pudo llevar a cabo por el devenir posterior de los acontecimientos[38]. Antón y Hernández se reunieron con Dimitrov el 16 de abril de 1943[39].  Jesús Hernández fue encargado, en concreto, de sondear las posiciones de los grupos del exilio antifranquista, ante la previsible derrota del Eje y, bajo la falsa identidad de “Pedro”, de reforzar la labor de la estación de inteligencia –rezidentura en la terminología del aparato de espionaje- que operaba bajo el paraguas de la embajada de la URSS en el país azteca. La importancia de obtener información acerca del estado de opinión de los posibles aliados había sido destacada por los máximos dirigentes soviéticos antes, incluso, del propio comienzo de las hostilidades, como le comunicó Beria a uno de los máximos responsables de los servicios secretos, Pavel Sudoplatov en marzo de 1939. Los agentes más influyentes, personas cuya posición en los círculos gubernamentales y profesionales les daba acceso a dirigentes que podían influir  en la marcha de los acontecimientos, debían desempeñar un papel crucial. Los centros de espionaje soviético en los distintos países dependían del Departamento del Extranjero (INO, según las iniciales rusas) del Comisariado del Pueblo para la Seguridad del Estado (NKGB). El INO estaba dirigido por el teniente general Pavel Mijailovich “Fitin”, bajo las órdenes de Laurenti Beria. Las directrices para las distintas rezidenturas partían de Moscú, mediante comunicaciones cifradas por radio, y una vez recibidas en su destino, eran transmitidas por los responsables –rezidents–  a los agentes de enlace encargados de hacerlas llegar a la red de informadores e “ilegales” (agentes que actuaban al margen de la cobertura diplomática y con identidad falsa en operaciones de penetración en los servicios occidentales o ejecución de acciones contra enemigos del Estado soviético) que actuaban en el país. La rezidentura mexicana tenía una importancia de primer orden para los servicios soviéticos: su radio de acción no solo abarcaba Centroamérica, sino que, en conexión con la de Nueva York, reclutaba agentes en los Estados Unidos o les facilitaba el ingreso en ese país. Esta red se revelaría de vital trascendencia cuando, a partir de ella, se contactase con científicos poseedores del secreto del arma nuclear[40].

Diversas circunstancias retrasaron la llegada a México de Hernández y Antón, que no pudieron completar el viaje hasta diciembre de 1943. Y lo que aconteció en el país centroamericano escapó a lo previsto, pues se sustanció allí la pugna por el poder dentro del partido que había venido enfrentando a los seguidores de Dolores Ibárruri y de Jesús Hernández, tras el suicidio de José Díaz en Crimea, en 1942. Hernández fue expulsado del PCE e Ibárruri designada secretaria general del partido[41], pero, con los aliados en Normandía y el Ejército Rojo avanzando por Polonia, el núcleo de dirección del PCE se trasladó de México a Francia, tomando Toulouse como nuevo epicentro de su acción en el interior de España. En este contexto, el PCE iba a tener que abandonar su pretensión de hegemonizar las plataformas de lucha antifranquista para integrarse en el movimiento unitario –gobierno incluido- de las fuerzas republicanas que se ofrecieron a los aliados como recambio a la dictadura del más viejo aliado del Eje, aunque bien pronto el espíritu de Yalta se encargara de frustrar toda esperanza.

3.     La conexión española en el asesinato de Trotsky.

El aparato del PCE en México jugó un papel protagonista en la persecución del trotskismo en México, en donde el fundador del Ejército Rojo se había refugiado –respondiendo a la oferta de asilo del presidente Cárdenas- en 1938. A la dirección del partido le preocupaba las posibles relaciones que pudieran entablarse entre Trotski, Prieto y algunos dirigentes anarquistas responsables de la emigración española[42].

Desde el primer momento, la presencia de Trotski fue rechazada por una campaña de propaganda orquestada por El Popular, el órgano de la CTM. Hubo un primer atentado fallido contra su vida, ejecutado por un grupo encabezado por el pintor David Alfaro Siqueiros, que asaltó la residencia de Coyoacán el 24 de mayo de 1940[43]. Ya por entonces la policía mexicana sospechó de la implicación de españoles en la conspiración, colocando bajo vigilancia especial a Pedro Checa[44]. La conexión española fue decisiva, como reconocería Sudoplatov, en la liquidación del viejo lider bolchevique, gracias a que sobre la red que había perseguido al trotskismo en España se montó el armazón del operativo que consiguió su objetivo el 20 de agosto de 1940. Según Sudoplatov, Stalin y Beria le convocaron a una reunión para ordenarle el asesinato de Trotski en marzo de 1939. Sudoplatov pidió permiso para recurrir en aquella misión a veteranos de las operaciones guerrilleras en la guerra civil española, incorporando a la organización al general Leonid Eitingon,  que había ejercido como rezident principal de la NKVD en España tras la fuga de Alexander Orlov en julio de 1938[45]. Eitingon organizó un operativo mucho más sutil que el de Siqueiros para liquidar a Trotski, recurriendo a la infiltración en el entorno del viejo líder bolchevique de un supuesto diletante belga, simpatizante del trotskismo, llamado Jacques Monard. Solo los comunistas españoles reconocieron en las fotos publicadas por los periódicos tras el asesinato al camarada Ramón Mercader del Río, integrante de la columna que en julio de 1936 había partido de Barcelona para tomar Zaragoza[46]. Hubo incluso quien, como Ángel Palerm, lo había visto con anterioridad en la capital mexicana, y había sido advertido de que debía olvidarlo:

 “Un día… caminando, yo creo que fue por la avenida de Juárez, por los cafés y eso, pues me encontré con alguien y me quedé yo convencido de que era Mercader ¿verdad?, aunque tenía yo un recuerdo no muy… [¿vago?] Sí. Pero andaba tan bien vestido, con sombrero y todo… que dije: “No, he de estar equivocado”. Él, además, no hizo ningún signo de reconocimiento. Pero, al día siguiente me llamó mi hermano y me dijo: “Te has encontrado con fulano, este… si lo vuelves a encontrar, en donde sea, tú no lo conoces, en absoluto”. Eran maneras de escudar a Mercader. Y yo creo que el apresurar -porque yo esperaba pronto o tarde que me mandaran para España, ¿verdad?- pero el hacerlo de una manera tan súbita, yo creo que fue un poco por sacarme de en medio, porque había reconocido a Mercader…  Y me mandaron para Estados Unidos”[47].

Durante los años siguientes una de las principales operaciones que el espionaje de la URSS acometió en México fue el intento de rescate a Mercader, preso en la penitenciaría de Lecumberri. Se conoce todo lo relativo a esta operación gracias a la desclasificación del conjunto de archivos del FBI conocidos con el nombre clave de “Venona”, que contienen los mensajes soviéticos descodificados por la inteligencia norteamericana entre 1940 y 1948[48]. El servicio secreto soviético asignó a la operación el nombre clave de “Gnomo” –alias asignado a Mercader para uso interno de la organización -. Una primera referencia a este plan tenía fecha de 30 de mayo de 1943. En un documento que llegó muy fragmentado a conocimiento de la inteligencia norteamericana, el agente “Harry” o “Garri” (alias de Jacob Epstein) exponía los rudimentos de un proyecto para sacar a Mercader del “hospital” –la cárcel- mediante una infiltración entre el personal de la penitenciaría[49].  La operación quedó pospuesta, por diversos impedimentos, hasta que el 23 de diciembre del mismo año se reactivó, correspondiendo esta vez la dirección al rezident  “Yurij” (Lev Tarasov, primer secretario de la embajada soviética en México). “Yurij” solicitaba de “Petrov” (seudónimo de Laurenti Beria) el envío urgente de 20.000 dólares para hacer frente a los gastos del operativo[50], dado que la logística de la operación prevista requeriría el empleo de armas y varios automóviles. Seis días después, Beria recibía un nuevo mensaje en clave de México en el que se anunciaba la conformación del grupo ejecutor, se describía el plan de la operación, y se comunicaba su notificación a los principales dirigentes comunistas españoles en aquel país. Mercader sería rescatado durante uno de sus salidas de la cárcel para ir a declarar al juzgado. Aprovechando una reducción de la guardia que lo custodiaba, sería introducido en un coche (“disuelto en soda”, en expresión textual del mensaje cifrado) y sacado del país. La supervisión correría a cargo de “Tom”, el general Leonid Eitingon, anterior responsable de la planificación del asesinato de Trotski, y a quien unía una estrecha amistad con Caridad del Río, madre de Mercader. Todo el montaje habría sido dado a conocer a “Don”, sobrenombre que encubría al jefe de la delegación comunista española en México, Vicente Uribe[51].

Aunque el peso fundamental del planeamiento recaería en elementos soviéticos, formalmente integrados en el personal de legación diplomática rusa, la implicación de los comunistas españoles era evidente. Es probable que Moscú esperara de Jesús Hernández una implicación en los planes para la liberación de Mercader, habida cuenta de la estrecha relación de complicidad que le había unido en la URSS a Caridad del Río –enfrentada, a su vez, con Pasionaria- entre 1940 y 1943. En el cuarto de Caridad en el Hotel Lux se reunía una de las “peñas” o círculos de tertulia paralelos a la organización del partido, que serían denunciados un tiempo después por los seguidores de Ibárruri y Antón como cenáculos de actividad fraccional: “Caridad se pasaba los días sentada en la cama, vestida, con almohadas detrás de la espalda, el pitillo en la boca, tomando café tras café, y tejiendo, haciendo tricot” –recordaba su hijo Luis-. “Era entonces cuando [Enrique] Castro y Hernández venían por casa a diario, y los tres se pasaban muchas horas charlando”. Debió ser entonces cuando ambos se comprometieran a hacer algo por Ramón si lograban salir de la URSS para México[52].

La vinculación de dirigentes como Hernández con actividades relacionadas con los aparatos secretos no era nueva. Junto al  francés Maurice Tréand –responsable de la Comisión de Cuadros del PCF y gerente de la empresa encubierta France Navigation, dedicada al transporte naval de suministros a la República española-, actuó como delegado de la Komintern ante el Partido Comunista Portugués, al que, además de tutelar, facilitó la creación en 1937 de una estación de radio que emitía para territorio luso desde Valencia[53]. Hombres muy cercanos a él, como Eusebio Cimorra, afirmaron sin dudar, años después, que Hernández pertenecía al aparato secreto de la Internacional Comunista[54]. Su ligazón a los servicios secretos puede que explique, asimismo, sus gestiones ante  el coronel Starinov, responsable militar de las unidades guerrilleras, que se tradujeron en las frecuentes visitas de Starinov a Dimitrov, entre mayo y septiembre de 1942, para solicitarle el empleo de españoles, encuadrados en una unidad específica bajo mando de la NKVD, en operaciones contra la retaguardia de la Wermatch[55].

El desplazamiento de las funciones de control político hacia los servicios de seguridad del Estado soviético, unida a la autodisolución formal de la Komintern en 1943, llevaría a los miembros del antiguo aparato secreto de la Internacional a integrarse en la red de agentes soviéticos en el exterior. En la práctica, se creaba un ámbito que favorecía una doble pertenencia a la organización partidaria y a los servicios secretos soviéticos[56]. Para quienes, imbuidos de idealismo internacionalista, seguían creyendo en que la causa del triunfo de la revolución socialista mundial dependía de la pervivencia y la expansión del primer Estado proletario, la URSS, no existía contrariedad alguna en ocupar un puesto de combate en su aparato de espionaje. Sin embargo, podía haber otras razones para ser transferido a la NKGB: según testimonio de uno de los fundadores del PC de los Estados Unidos y ex miembro del Comité Ejecutivo de la Komintern, Benjamin Gitlow, las rivalidades internas  entre miembros de la dirección de un partido comunista se resolvían a menudo mediante el traspaso de alguno de ellos a los servicios secretos, con el objetivo de sofocar el brote de disidencia gracias al disfrute de los privilegios económicos que llevaba aparejado el desempeño de una misión en el extranjero[57]. El mismo Hernández reconocería años más tarde que el espionaje soviético tenía “una predilección especial en reclutar a su servicio a los elementos sancionados por el Partido”, de forma que se les daba la posibilidad de “reivindicarse” y de “corregir los ‘errores’ en la actuación práctica”. Luis, el hermano de Ramón Mercader, afirma en su libro-testimonio que “en medios de la emigración, cuando Hernández y después Castro mostraron haber sido capaces de abrir la puerta de salida de la URSS, se dio por hecho que habían dejado el país como agentes del NKVD; que salieron, a cambio del compromiso para trabajar para los servicios soviéticos”[58].

El plan acabó frustrándose por diversos motivos: la incapacidad, la desconfianza y las sospechas mutuas entre los propios integrantes del grupo responsable de su ejecución, así como los efectos perniciosos derivados de la lucha intestina en el PCE por el control de la dirección. El fiasco definitivo tuvo lugar cuando Caridad del Río Mercader irrumpió en México procedente de la URSS, en marzo de 1945, para tratar personalmente de que personajes influyentes de la política mexicana intercedieran por la liberación de su hijo. El resultado fue el diametralmente opuesto: alertadas las autoridades, aplicaron a Mercader un estricto régimen penitenciario, imposibilitando las oportunidades de rescate. Los servicios soviéticos se enfurecieron, ordenando a ‘Klava’ (alias de Caridad Mercader) que abandonase México inmediatamente[59]. Después de esto,  la “operación Gnomo” quedó definitivamente descartada, Mercader purgaría aún durante quince años su crimen y la incapacidad de sus camaradas para coordinar su rescate.

 

 


[1] Para una cuantificación de la emigración comunista española a la URSS, ALTED. Alicia et alt: “Una biografía colectiva de los niños de la guerra”, en Los niños de la guerra de España en la Unión Soviética. De la evacuación al retorno (1937-1999), Fundación Largo Caballero, Madrid, 1999, p. 73.Sobre la peripecia vital y la evolución política del colectivo, HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, F: “El sol de puso por el este: Choque cultural y desencanto político entre la militancia del PCE en la Unión Soviética (1939-1947), II Congreso de Historia del PCE, Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), Madrid, 2007.

[2] Sobre la situación del exilio en Francia y la deportación, EGIDO, A: “La larga marcha: republicanos en la Francia ocupada”; y BERMEJO, B: “Los republicanos españoles en los campos nazis”; ambos trabajos en EGIDO, A. y EIROA, M. (Eds.): Los grandes olvidados: Los republicanos de izquierda en el exilio. Centro de Investigación y Estudios Republicanos, Madrid, 2004.

[3] CARRIÓN SÁNCHEZ, P. J: “La delegación del PCE en México (1939-1956). Origen y límite de una voluntad de liderazgo de oposición”. Madrid, UNED, Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, t. 16, 2004, p. 314. Para un análisis del exilio español en México, MATEOS, A.: De la guerra civil al exilio. Los republicanos españoles y México. Indalecio Prieto y Lázaro Cárdenas. Biblioteca Nueva/ Fundación Indalecio Prieto, Madrid, 2005.

[4] CONCHEIRO BÓRQUEZ, E:Entrevista con Adolfo Sánchez Vázquez”. Memoria Virtual, revista mensual de política y cultura. http://memoria.com.mx/node/716

[5] ARCHIVO HISTÓRICO DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA  (AHPCE), Documentos, Caja 102, 1.1. “La distribución de los miembros del Partido en América”. Citado en TORRES MANTECÓN, M.A.: “Comunistas españoles en México. Una primera aproximación a la historia del Partido Comunista de España en su exilio mexicano (1939-1977). A principios de 1940, de 24.450 refugiados españoles repartidos en diversas naciones americanas, 1.773 son identificados como comunistas. Sánchez Vázquez, en la entrevista citada en la nota anterior, valora en 500 el número de los llegados a México en las distintas expediciones de 1939.

[6] AHPCE, Documentos, Caja 102, 6.2. Relación de grupos y militantes en México. Citado en TORRES MANTECÓN, op. cit.

[7] CONCHEIRO BÓRQUEZ, E:Entrevista con Adolfo Sánchez Vázquez”…

[8] FAGEN, Patricia W.: Transterrados y Ciudadanos. FCE, México, 1975, p. 180. Citado en Mantecón.

[9] CARRIÓN SÁNCHEZ, P. J: “La delegación del PCE en México (1939-1956)…, p. 332.

[10] MATEOS, A.: De la guerra civil al exilio…, p. 48, n. 47.

[11] CARR, B: Marxism and Communism in Twentieth Century Mexico. Lincoln, University of Nebraska, 1992.

[12] VIDALI, V: Dal México a Murmansk, Ed. Vangelista, Milán, 1975, p. 151. Vidali señala que su negativa a abundar en las acusaciones contra los exdirigentes expulsados contribuyó a su ostracismo, primero, y a su expulsión después del PCM, expulsión que sería revisada por su propio partido, el PC Italiano a su retorno a Italia en 1947.

[13] AHPCE, Documentos, Caja 102, 6.2., “Informe sobre el trabajo y la situación del PCE en México…”,

[14] Estas acusaciones saldrán a la luz en el proceso de expulsión de Jesús Hernández a su llegada a México en 1944. CARRIÓN, op. cit, p. 333.

[15] CARR, B: Marxism and Communism in Twentieth Century Mexico

[16] Archivo de Fuentes Orales del Exilio, Rómulo García Salcedo, 97 PHO/10/esp.56 (Copia en CIDA, 6077, p. 86-87).

[17] Archivo de Fuentes Orales del Exilio, Entrevista a José Duque, 38 PHO/10/esp.66 (Copia en CIDA, 6562, p. 98).

[18] AHPCE, Documentos, carpeta 21 “Cómo debe trabajar la dirección en América”, 1940, sin fecha. Ver también MORÁN, G: Miseria y grandeza del Partido Comunista de España, 1939-1985. Planeta, Barcelona, 1986, p.27.

[19] RUIZ AYUCAR, A: El Partido Comunista. Treinta y siete años de clandestinidad. Ed. San Martín, Madrid, 1976, p. 102; CARRILLO, S: Memorias, Planeta, Barcelona, 1993, p. 353 y 363.

[20] AHPCE,  Documentos, Film XX, apartado 243, “A todos los miembros del PCE…”, 25/11/1939.

[21] HEINE, H: La oposición política al franquismo. Crítica, Barcelona, 1983, p. 99, n. 26. MORÁN,  op. cit. p. 32.

[22] “España y la guerra imperialista”, en España Popular (16-25 de mayo de 1940). Citado en, HEINE, op. cit., p. 99.

[23] VV.AA: Historia del Partido Comunista de España,  Éditions Sociales, París, 1960,  p. 221-222.

[24] ESTRUCH, J: El PCE en la clandestinidad (1939-1956), Siglo XXI, Madrid, 1982. p.72-73. CLAUDÍN, F: Santiago Carrillo. Crónica de un secretario general. Planeta, Barcelona, 1983,  p. 70.

[25] ESTRUCH, J, op. cit., p. 74-77. El diseño del manifiesto fue perfilado durante una reunión, el 3 de septiembre, a la que asistieron Dimitrov, Blagoeva, Pasionaria André Marty, Antón y Hernández. BANAC, I. (Ed): The Diary of Georgi Dimitrov (1933-1945), Yale University Press, New Haven-London, 2003, pp. 240 y 241.

[26] AHPCE, Dirigentes, Caja 31/12.1, 14/12/1942Jesús Hernández, “Carta a Dolores Ibárruri”. A estas alturas, Hernández había asumido la responsabilidad sobre los asuntos de organización del partido, tras el pleno de CC reunido en la URSS ese mismo año, el primero tras el final de la guerra de España.

[27] “En toda la república mejicana no sobrepasarán el número de 300 los militantes que tenemos. De ellos más de 150 han sido expulsados del Partido. Se excluye a la gente por las cosas más mínimas y con la mayor naturalidad”.  AHPCE, Dirigentes, Jesús Hernández, 31/12.2, “Informe a la Delegación del CC. Del PC de España en la Unión Soviética”, México DF, 1944.

[28]AHPCE., Divergencias, 107, 1/5, “Carta abierta a todos los afiliados al Partido Comunista de España”, por Jesús Hernández, México DF, 31 de agosto de 1945.

[29] AHPCE, Dirigentes, Jesús Hernández,31/12.1, “Carta a Dolores Ibárruri”.Caja 15/01/1943.

[30]La línea de Unión Nacional fue objeto de debate entre José del Barrio y Jesús Hernández, y una de las primeras ocasiones en que ambos dirigentes tomaron contacto tras sus expulsiones del PSUC y del PCE, respectivamente. La polémica apareció en las páginas de Treball, órgano del grupo de Del Barrio, publicado en México en septiembre de 1944. AHPCE, Divergencias, 107, 1/1, 1944.

[31] RUIZ AYÚCAR, A, op. cit., p. 103; y GINARD, D: Heriberto Quiñones y el movimiento comunista en España (1931-1942), Edicions Documenta Balear, Palma.Madrid, 2000,  p.121-122.

[32] AHPCE, Dirigentes, Jesús Hernández, 31/12.2, “Informe de Jesús Hernández sobre la situación del aparato de pasos…”.

[33] Testimonio de José del Barrio, en ESTRUCH, J, op. cit., p.44. Escandalizaba especialmente el caso de Mije, que “sin recato ni pudor alguno vive espléndidamente en un país como México, en el que la miseria atenaza a la masa general del pueblo, y en el que los españoles emigrados se gana la vida en los trabajos más duros y penosos; en un país en el que los ejemplos de honestidad y sencillez arrancan de los mismos dirigentes de los partidos en el exilio. Así, un hombre como Giral trabaja como médico; Galarza, en un banco; Lamoneda, de corrector de imprenta; García Oliver, en la fábrica ‘Vulcano’, etc, etc. En este ambiente de lucha por ganarse el sustento diario, los comunistas son la excepción. Y, naturalmente, la leyenda del ‘oro ruso’ tiene bases en que apoyarse(…)  [Pero Mije], por la mañana al fútbol, por la tarde a los toros y por la noche al restaurante de postín a cenar”. HERNÁNDEZ, J, “Informe a la Delegación del CC. Del PC de España en la Unión Soviética”…

[34] “Toda esta serie de funcionarios son a su vez  ‘los ojos y los oídos’ de la delegación y cuando escuchan de labios de un militante la menor queja o crítica, inmediatamente dan conocimiento a Mije o Uribe que abroncan a este militante, le amenazan con la expulsión, o le expulsan simplemente. Este sistema ha creado una atmósfera de temor en los militantes que hablan entre ellos, critican en voz baja, pero no hay quien alce la voz en las reuniones.”. Íbid.

[35] AHPCE, Divergencias, 107, 1/1, “Informe sobre el grupo H.C.D.  n. 126”, 1951.

[36] Archivo de Fuentes Orales del Exilio, Entrevista a José Duque, 38 PHO/10/esp.66.

[37] VIDALI, V: Dal Messico a Murmansk…, ,  pp. 147.

[38] HERNÁNDEZ, J,  “Mi proceso político…”,  p.3. Sin embargo, en la reunión preparatoria del viaje de fecha 3 de julio de 1943,  a la que asistieron Dolores, Hernández y Antón junto con Dimitrov, se delineó la composición de los órganos de dirección del PCE en Moscú y México, quedando compuestos de la siguiente forma: en Moscú, Dolores, José Antonio Uribes e Ignacio Gallego; en México, una delegación del CC formada por Vicente Uribe, Antón y Hernández, en la que también participaba Antonio Mije. DIMITROV, G: Diario. Gli anni di Mosca, Einaudi, Turín, 2000,  p. 639.

[39] DIMITROV: Diario. Gli anni di Mosca…, p. 602.

[40] SUDOPLATOV,  P. y A: Operaciones especiales: memorias de un maestro de espías soviético. Plaza y Janés, Barcelona, 1994, p. 102-103

[41] Para todo el proceso de lucha por el poder y expulsión de Jesús Hernández, HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, F: Comunistas sin partido. Jesús Hernández, Ministro en la Guerra Civil, disidente en el exilio. Raíces, Madrid, 2007.

[42] AHPCE, Documentos, Carpeta 20, “Actividades del Partido en el exterior después de la derrota”. Citado en MATEOS, A: De la guerra civil al exilio. Los republicanos españoles y México … p. 49.

[43] El atentado, sus detalles y la denuncia de sus inspiradores fue objeto de un artículo del propio TROTSKI en la revista Cuarta Internacional: La Comintern y la GPU. El intento de asesinato del 24 de mayo y el Partido Comunista (7 de agosto de 1940).

http://listserv.cddc.vt.edu/marxists/espanol/trotsky/ceip/escritos/Libro6/html/T11V231.htm

[44] De él se decía “que tiene en sus manos todos los hilos de la conspiración y que vive con otro nombre. Se ha tratado de averiguar de donde ha sacado la policía esta información, pero sin éxito”AHPCE,, Documentos, Caja 102, 6.2, “Informe sobre el trabajo y la situación de la dirección del PCE en México”, 3 de diciembre de 1941. Citado en MANTECÓN, op. cit.

[45] SUDOPLATOV,  Operaciones…, p. 104 y 105.

[46] GORKIN, J: Contra el estalinismo, Barcelona, Ed. Laertes,  2001 (versión digital en la web de la Fundación Andreu Nin: http://www.fundanin.org

[47] Archivo de Fuentes Orales del Exilio, Entrevista a Ángel Palerm, 21/8/79, PHO/10/12, pp. 253-259.

[48] Los documentos que conciernen a la actividad de la NKGB en México se centran en el periodo 1943-1946, formando un conjunto de casi mil mensajes (570 de Moscú a la embajada soviética en México D.F. –abierta en 1943, encubría bajo sede diplomática las actividades del servicio secreto- y 400 entre esta y la sede central).Los facsímiles se pueden consultar en Internet: http://www.nsa.gov/venona/venon00017.cfm

[49] National Security Agence (NSA), Venona, 1545, 30/5/1943.

[50] NSA -Venona, 3/NBF/T2242, 23/12/1943.

[51] NSA – Venona, 3/NBF/T2256 y 3/NBF/T2257, 29 y 30/12/1943; y 3/NBF/T770, 14/3/1944.

[52] MERCADER, L. y SÁNCHEZ, G: Ramón Mercader, mi hermano. Cincuenta años después. Espasa-Calpe, Madrid. 1990, p. 105.

[53] PACHECHO PEREIRA, J: Álvaro Cunhal. Uma biografia política. T. I., Temas e Debates, Lisboa, 1999, pp. 229 y 283. 

[54] AHPCE, Divergencias, Jesús Hernández, Declaraciones, “Informe de Claudín sobre Cimorra” Caja 107/1.3.

[55] ARASA, D: Los españoles de Stalin, Vorágine, Barcelona, 1993. pp. 103-105; y RUÍZ AYÚCAR, A: El Partido Comunista…, pp. 63-66;  DIMITROV, Gli anni…., pp. 446-511.

[56] NSA – Venona, 3/NBF/T1986, 12/9/1943; y DIMITROV, Gli anni di Mosca,…, p. 338, n. 107.

[57] La cita aparece en el mencionado artículo de Trotki. La versión original en GITLOW, B: The whole of their lives. Communism in America. West Islands, Boston-California, 1965.

[58] HERNÁNDEZ, J. “El asesinato de Trotski. ¡Pido la palabra!”, ABC de México, nº 109, 3/10/53; y MERCADER, L. y SÁNCHEZ, G: Ramón Mercader, mi hermano… p. 109.

[59]NSA – Venona, 3/NBK/T868, 16/4/1944;  y 3/NBF/T396,  29/6/1944.

Texto presentado en el SEMINARIO del CIHDE: “El exilio y México-España durante el siglo XX”, 15 enero 2008.

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